Mi mesa creativa cambió… y yo también

Estar en este mundo del scrap muchas veces nos hace tener la ilusión de contar con una mesa creativa o un espacio perfecto, lleno de herramientas y colecciones, tal como vemos en las referencias de tantas creadoras que nos inspiran… y sí, a mí también me pasó.
Siempre tuve esa ilusión de tener “el espacio creativo perfecto”, ese espacio de fotografía donde todo tiene su lugar y todo se ve bonito… jajajaja.
Poco a poco, con el objetivo de querer tenerlo todo, me propuse ir consiguiendo mis herramientas soñadas, mis colecciones favoritas… y que todo se vea intacto.
(Spoiler: con el tiempo entendí que ese era un gran error).
Sin embargo, mientras iba creando álbumes, layouts, cajas y distintos proyectos, empecé a darme cuenta de algo: todo aquello que tenía “ordenado” según yo… nunca lo encontraba cuando realmente lo necesitaba.
Y eso me frustraba muchísimo.
Incluso llegaba a desanimarme porque no tenía las cosas a la mano. Pasé mucho tiempo engañándome diciéndome: “sí está ordenado”… pero entonces, ¿por qué cada vez que quería crear algo terminaba buscando durante horas?
No tenía sentido.
Y creo que, con el tiempo, también entendí algo más.
A veces mi mesa no estaba desordenada… yo era la que estaba saturada.
Quería crear, inspirarme, comprar, aprender, probar técnicas nuevas y hacer todo al mismo tiempo. Y mi espacio terminó reflejando exactamente cómo me sentía por dentro.
Recuerdo que recurrí a amigas y personas que me ayudaron a “ordenar” mi espacio, y sí, me sentía feliz cuando todo se veía bonito y organizado. Pero hubo conversaciones que realmente me hicieron cambiar la manera de ver mi mesa creativa.
Mi hermana Victoria, por ejemplo, fue una de las primeras personas que me ayudó muchísimo en ese proceso. Siempre encontraba la manera de ayudarme a acomodar, mover y reorganizar cosas para que pudiera sentirme más tranquila dentro de mi espacio creativo.
Y también recuerdo una conversación muy especial con una amiga muy querida, Lore, quien me hizo una pregunta mientras observábamos mi espacio:
“¿Qué es lo que realmente usas y qué es lo que realmente quieres tener cerca de ti?”
Y ahí miré mis colecciones… las que realmente utilizaba para hacer mis layouts, mis proyectos y mis historias.
Entonces ella me dijo:
“A esas colecciones hay que darles el espacio que merecen para que siempre las tengas a la mano.”
Y sinceramente… eso me ayudó muchísimo.
Hasta hoy sigo teniendo ese espacio asignado especialmente para ellas. Gracias, mi querida Lore.
Y si hablamos de personas geniales organizando detalles pequeños… tengo que mencionar a mi querida Eiko (sí, ya prácticamente le digo mi socia jajajaja). Ella me ayudó muchísimo a encontrar el lugar para todas esas pequeñas cosas que también necesitan su propio espacio: die cuts, ephemeras, sellos y tantos detalles más.
Y fue ahí donde entendí algo importante.
Sí, el orden ayuda muchísimo. Sí, tener un espacio funcional hace la diferencia.
Pero después de vivir todo este proceso, descubrí que lo más importante no era tener el “espacio perfecto”… sino tener un espacio que se sintiera mío.
Un espacio donde, además de herramientas, existan cosas que me hagan feliz mientras creo.
Un cuadro.
Una flor.
(Un girasol tejido en amigurumi que amo jajajaja).
Una foto con amigas.
Una foto mía.
Pequeños detalles que me recuerden que ese lugar no es solo una mesa… es mi refugio creativo.
Empecé a darle prioridad a lo que realmente quería tener a la vista. A esas cosas que, con solo mirarlas, me daban ilusión de seguir creando.
Y fue entonces cuando entendí que también debía soltar.
Soltar herramientas.
Materiales.
Elementos que simplemente ya no conectaban conmigo.
Muchas cosas podían formar parte de otras mesas creativas… pero no necesariamente de la mía.
Y sí… solté muchísimo.
Me quedé con las marcas que realmente me inspiran. Con los materiales que disfruto usar. Con los colores, estilos y elementos que me hacen sentir identificada.
También entendí que mi forma de crear había cambiado.
Ya no buscaba tener de todo. Empecé a sentirme más conectada con ciertos colores, ciertas texturas y ciertas historias.
Descubrí que me gusta crear desde lo emocional. Desde las capas suaves, las fotografías, los papeles con historia, las acuarelas y los detalles que transmiten calma.
Y creo que, sin darme cuenta, mi espacio empezó a parecerse mucho más a mí.
Hoy mi mesa creativa ya no busca verse perfecta.
Busca hacerme sentir en casa.
Y entendí que organizar mi mesa nunca se trató solo de acomodar herramientas… sino de descubrir qué cosas realmente quería conservar cerca de mí.

Información

  • Categoria: Scrap & Creatividad A1
  • Autor: Rina Candela
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